Maximalismo botánico: cuando el verde toma la casa
Plantas de gran porte, empapelados con hojas y flores, fibras naturales y jardines que parecen entrar por las ventanas. El maximalismo botánico gana espacio en la decoración y encuentra distintas expresiones en las casas de Dakota Johnson, Zaira Nara y Vero Lozano. Una tendencia exuberante que también puede incorporarse con pequeños gestos.

Durante muchos años, la decoración pareció seguir una consigna bastante clara: pocos objetos, colores neutros, superficies despejadas y cada cosa cuidadosamente guardada en su lugar. Pero algo comenzó a cambiar. Frente a esos interiores perfectos —y, a veces, demasiado impersonales— vuelven las casas con capas, recuerdos, estampados, texturas y una naturaleza que ya no se conforma con ocupar una pequeña maceta sobre la mesa.
Así aparece el maximalismo botánico, una tendencia que combina el espíritu expresivo del maximalismo con la búsqueda de una mayor conexión con la naturaleza. El verde se multiplica, las plantas ganan tamaño, las hojas trepan por paredes y textiles, y los ambientes adquieren una apariencia más abundante, fresca y vivida.
No se trata simplemente de acumular plantas ni de convertir la casa en una selva desordenada. La propuesta consiste en darle protagonismo a lo natural, superponiendo distintas alturas, formas, colores y materiales, pero conservando cierta armonía.
¿Qué es el maximalismo botánico?
El maximalismo parte de una idea que se opone al clásico “menos es más”: sostiene que una casa puede enriquecerse mediante la combinación intencional de colores, estampados, objetos y texturas. Su objetivo no es llenar por llenar, sino construir espacios que expresen la personalidad y la historia de quienes los habitan.
Cuando esa abundancia se inspira en el mundo vegetal, hablamos de maximalismo botánico. Puede manifestarse a través de plantas reales, jardines interiores, empapelados florales, textiles con hojas, piezas artesanales, maderas, fibras y una paleta dominada por verdes, tierras y colores profundos.
En las tendencias de interiores de 2026 aparece también la expresión plant maximalism: composiciones en las que las plantas colgantes, las hojas estructurales y las especies de diferentes tamaños se reúnen para formar escenas envolventes y personales. La clave no está solamente en sumar más plantas, sino en crear con ellas profundidad, movimiento y carácter.
Dentro de esta corriente hay lugar para diferentes intensidades. Algunas casas se apoyan principalmente en la arquitectura y las vistas al jardín; otras incorporan plantas en cada rincón; y las más audaces combinan vegetación real con empapelados, obras de arte, colores y muebles de distintas épocas.
Las casas de Dakota Johnson, Zaira Nara y Vero Lozano permiten reconocer esas tres maneras de interpretar la tendencia.
Dakota Johnson: vivir como en una casa en el árbol
La casa de Dakota Johnson en Los Ángeles se convirtió en una de las más recordadas de la serie Open Door de Architectural Digest. Construida en 1947 y diseñada por el arquitecto Carl Maston, la vivienda combina madera, grandes superficies vidriadas, muebles antiguos, piezas personales y una vegetación exterior tan frondosa que parece abrazar cada ambiente.
La propia actriz la describió como una mezcla entre “una casa en el árbol y un barco”. Los ventanales de piso a techo desdibujan el límite entre el interior y el jardín, mientras que el bambú, los cítricos y el follaje que rodean la propiedad se convierten en parte permanente de la decoración.
Su famosa cocina verde, la madera oscura y la entrada constante de luz natural completan una atmósfera orgánica, serena y algo nostálgica.
Dakota representa la versión más sutil del concepto. En su casa no hay una acumulación excesiva de estampados ni decenas de macetas agrupadas. Lo botánico aparece en la relación entre la arquitectura y el entorno: el jardín se ve, se siente y participa de la vida interior.
Es una buena inspiración para quienes disfrutan de la naturaleza, pero prefieren ambientes tranquilos. Grandes ventanales, una paleta verde, muebles de madera y algunas plantas estratégicamente ubicadas pueden ser suficientes para lograr esa sensación.
Zaira Nara: plantas que aportan vida y calidez
En la casa de Zaira Nara, el verde se integra a una arquitectura moderna, luminosa y con cierta impronta industrial. El blanco de las paredes y los pisos contrasta con las aberturas negras, los muebles de madera y una importante variedad de plantas de interior y exterior.
La modelo incorporó especies de distintos tamaños: algunas plantadas en grandes macetas de barro o cerámica y otras colocadas en recipientes de vidrio con agua. También sumó árboles de porte dentro de la casa, strelitzias en los balcones, canteros frondosos y vegetación alrededor de la pileta y los espacios de encuentro.
En este caso, las plantas cumplen una función fundamental: suavizan las líneas industriales y aportan calidez a una base predominantemente blanca, negra y de madera. Las macetas de terracota y las fibras naturales refuerzan esa conexión con lo orgánico.
Su casa demuestra que no es necesario renunciar a una decoración contemporánea para incorporar abundancia vegetal. Por el contrario, las hojas de gran tamaño pueden transformarse en esculturas vivas y dar movimiento a un ambiente de líneas simples.
Otra de las claves está en la continuidad. El paisajismo no termina en el jardín, sino que avanza hacia la galería, los balcones y el interior. El resultado es una casa en la que el verde funciona como hilo conductor.
Vero Lozano: el costado más expresivo y personal
La casa de Vero Lozano es probablemente la que más se acerca al espíritu pleno del maximalismo botánico. Su arquitectura de estilo francés convive con muebles de diferentes épocas, obras de arte, colores intensos, objetos personales y una fuerte presencia de flores y plantas.
En el comedor, un empapelado de motivos botánicos dialoga con las aberturas de hierro y vidrio repartido, las fibras naturales, una mesa vestida, orquídeas y detalles de color turquesa. Desde allí, la vista se prolonga hacia una galería y un jardín cubierto de árboles y vegetación.
Pero el rincón que mejor refleja su pasión por la naturaleza es el invernadero. Allí cultiva especialmente orquídeas y reúne macetas, lámparas de colores, velas, fotografías, recuerdos de viajes y una imagen de Frida Kahlo. No es únicamente un espacio destinado a cuidar plantas: también lo utiliza para compartir almuerzos y encuentros con amigos.
A esto se suman una huerta orgánica, enredaderas, pisos calcáreos, mobiliario de hierro, una fuente y diferentes rincones dentro de un jardín abundante.
En la casa de Vero, la naturaleza se combina con el arte y la memoria. Nada parece elegido para responder a una fórmula rígida; cada objeto aporta una historia. Y allí aparece una de las ideas más interesantes del nuevo maximalismo: una casa puede ser visualmente intensa y, al mismo tiempo, cálida, auténtica y profundamente personal.
Cómo llevar el maximalismo botánico a una casa real
No es necesario reformar toda la vivienda ni comenzar una colección interminable de plantas. La tendencia puede incorporarse gradualmente y adaptarse al estilo de cada casa.
1. Elegir un rincón protagonista
Un ventanal, una biblioteca, un espacio debajo de la escalera o una esquina luminosa pueden convertirse en el punto de partida. Agrupar las plantas en un sector genera mayor impacto que repartir pequeñas macetas sin relación por toda la casa.
2. Combinar distintas alturas
El efecto de abundancia se consigue trabajando en diferentes niveles. Se pueden colocar plantas altas directamente sobre el piso, especies medianas sobre mesas o pedestales y variedades colgantes en estantes y maceteros elevados.
3. Jugar con las formas de las hojas
Las hojas grandes y estructurales aportan presencia; las pequeñas y colgantes suman movimiento; y las especies con distintos tonos de verde crean profundidad. La variedad es importante, pero conviene repetir algunas formas o colores para conservar unidad visual.
4. Elegir las plantas según la luz
Antes de decidir por su aspecto, es fundamental observar cuánta luz recibe el ambiente. Las strelitzias y los ficus necesitan espacios muy luminosos; los potus resultan más adaptables; y los helechos prefieren cierta humedad y luz indirecta. Una planta ubicada en el lugar correcto se verá mejor y requerirá menos esfuerzo para mantenerse saludable.
5. Incorporar materiales naturales
La madera, el barro, la cerámica, el ratán, el lino y las fibras ayudan a construir una atmósfera orgánica. Las macetas no tienen que ser todas iguales, pero pueden compartir una paleta o un material para ordenar la composición.
6. Animarse a un estampado botánico
Un empapelado con hojas o flores puede transformar un toilette, un comedor o una pared de la galería. Para una versión más moderada, el motivo puede aparecer en almohadones, cortinas, una butaca tapizada, cuadros o pantallas de lámparas.
Si el estampado es muy protagonista, conviene recuperar alguno de sus colores en otros elementos del ambiente para que no parezca aislado.
7. Conectar el interior con el jardín
Las vistas también decoran. Mantener despejadas las visuales hacia el exterior, repetir algunas especies a ambos lados de un ventanal o utilizar los mismos materiales en el living y la galería ayuda a que el jardín se perciba como una extensión de la casa.
8. Dejar algunos espacios en calma
Maximalismo no significa que cada superficie deba estar ocupada. Para que las plantas, los estampados y los objetos puedan destacarse, necesitan zonas de descanso visual. Una pared neutra, un mueble de líneas simples o una paleta común pueden equilibrar el conjunto.
Tres estilos, una misma necesidad: una casa con vida y personalidad
Dakota Johnson se apoya en la arquitectura y en un jardín que envuelve la casa. Zaira Nara introduce el verde para suavizar y dar vida a ambientes modernos. Vero Lozano se anima a combinar plantas, flores, estampados, arte, color y recuerdos.
Las tres muestran que no existe una única manera de acercarse al maximalismo botánico. Puede ser sereno o exuberante, contemporáneo o romántico, cuidadosamente planificado o construido con objetos reunidos a lo largo del tiempo.
Detrás de sus diferentes versiones aparece una misma búsqueda: hacer de la casa un lugar más vivo, personal y conectado con la naturaleza. Porque quizás la tendencia no consista solamente en sumar verde, sino en permitir que nuestros espacios cuenten mejor quiénes somos y cómo queremos sentirnos cuando volvemos a ellos.
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