Athleisure: cuando la ropa deportiva sale a la calle
Cómoda, práctica y cada vez más sofisticada. La tendencia que combina prendas deportivas con piezas urbanas conquistó las calles y se instaló también en nuestra forma cotidiana de vestir. De Diana a Sofia Richie y Antonela Roccuzzo, tres mujeres de distintas generaciones entendieron que las zapatillas, los leggings y los buzos también podían formar parte de un look pensado para mucho más que ir al gimnasio.

Calzas, joggings, buzos, zapatillas, tops y camperas deportivas dejaron hace tiempo de pertenecer exclusivamente al entrenamiento. Hoy conviven con carteras estructuradas, anteojos, camisas amplias, blazers, joyas y prendas de líneas más urbanas.A esta manera de vestir se la conoce como athleisure, una combinación entre athletic y leisure: ropa vinculada originalmente al deporte que se incorpora al vestuario cotidiano.
La clave está en el contraste. Una prenda deportiva puede cambiar completamente cuando se combina con una pieza más sofisticada. Una calza con una camisa blanca. Un jogging con una cartera. Unas zapatillas con un pantalón sastrero.
No se trata de llevar el gimnasio a la calle, sino de incorporar su comodidad a nuestra vida cotidiana sin resignar estilo.
La precursora: Diana y el uniforme que inventó sin querer
Mucho antes de que la palabra athleisure se instalara en el mundo de la moda, la princesa Diana ya había convertido la ropa deportiva en parte de su guardarropa cotidiano. Durante los primeros años de la década del 90, las imágenes de Diana saliendo del Chelsea Harbour Club se volvieron icónicas: biker shorts, buzos oversize, medias altas y zapatillas blancas componían un uniforme que hoy reconocemos inmediatamente. Pero había un detalle que hacía la diferencia. A las prendas deportivas les sumaba accesorios mucho más sofisticados: anteojos de sol y, con frecuencia, carteras estructuradas de firmas como Gucci, Tod's o Versace.
Ese contraste entre lo deportivo y lo elegante es justamente una de las claves que seguimos viendo hoy.
Y había, además, una estrategia detrás de ese uniforme. Diana repetía deliberadamente algunos de sus buzos para restarles valor a las fotografías de los paparazzi: si las imágenes mostraban siempre el mismo look, dejaban de ser novedosas. Uno de los más recordados fue el famoso buzo de Virgin Atlantic que había recibido de Richard Branson y que años después se vendió en una subasta por una cifra cercana a los 50.000 dólares. Cómoda, reconocible y con intención. La fórmula ya estaba ahí, décadas antes de que tuviera nombre.
Sofia Richie: cuando lo deportivo se vuelve sofisticado
Si Diana fue una de las grandes precursoras, Sofia Richie, hija del cantante Lionel Richie y hermana de Nicole Richie, es hoy una de las referentes de esta estética con una versión más contemporánea y depurada del athleisure.
La modelo y diseñadora suele combinar prendas cómodas y deportivas con piezas de apariencia más sofisticada. Leggings, zapatillas, remeras básicas o conjuntos relajados aparecen junto a carteras de cuero, anteojos, abrigos, prendas de sastrería y accesorios cuidadosamente elegidos. Su fórmula tiene mucho que ver con una idea que hoy atraviesa la moda: la comodidad no tiene por qué verse informal.
En uno de sus looks más representativos, por ejemplo, llevó leggings y zapatillas deportivas junto a una cartera de cuero y anteojos de sol. En otras ocasiones, combinó conjuntos deportivos completos con bolsos pequeños y accesorios que aportaban una cuota más elegante.
La clave de Richie está en no sobrecargar. Su estética suele apoyarse en básicos, tonos neutros y pocos elementos protagonistas. Lo deportivo funciona como punto de partida; los accesorios y las piezas más refinadas terminan de construir el look.
Antonela Roccuzzo: la versión cotidiana
En Antonela Roccuzzo encontramos una interpretación más cercana y cotidiana de esta tendencia.
Su estilo suele apoyarse en conjuntos deportivos, calzas, jeans, zapatillas y prendas oversize, generalmente dentro de una paleta de tonos neutros. Incluso cuando incorpora piezas de firmas reconocidas, sus looks conservan una sensación relajada y fácil de trasladar a la vida real.
Hay una enseñanza sencilla detrás de muchos de sus outfits: no todo tiene que llamar la atención al mismo tiempo.
Si las zapatillas son protagonistas, el resto puede mantenerse neutro. Si llevamos un conjunto deportivo completo, una buena cartera o unos anteojos pueden ser suficientes para elevarlo. Esa aparente sencillez es parte del encanto del athleisure: prendas cómodas, una imagen relajada y algún detalle elegido con intención.
Del gimnasio al café, y del pádel a un almuerzo
En los barrios privados, el athleisure parece haber encontrado un escenario natural.
Una caminata temprano, el gimnasio, una clase de pilates, un partido de pádel, trabajar desde casa, hacer algunas compras, buscar a los chicos o encontrarse con amigas pueden formar parte de una misma jornada.
Y pocas tenemos ganas de cambiarnos completamente entre una actividad y otra.
Ahí aparece el gran atractivo de esta tendencia: usar prendas cómodas como punto de partida y transformarlas con pequeños detalles. Una calza negra cambia cuando se combina con una camisa blanca amplia, buenas zapatillas y una cartera. Un jogging monocromático puede acompañarse con un blazer liviano, anteojos y accesorios. Y una camiseta deportiva puede funcionar perfectamente con jean, zapatillas urbanas y una campera de cuero o denim. La diferencia no está necesariamente en la prenda, sino en cómo la llevamos y qué elegimos sumar.
Cuando lo deportivo se vuelve chic
Existe además una expresión que suele aparecer asociada a esta tendencia: sporty chic.
Podríamos decir que el athleisure es la base y que el sporty chic aparece cuando le agregamos un toque más sofisticado.
Una buena cartera.
Un blazer.
Unos anteojos protagonistas.
Un reloj.
Una camisa blanca.
Un tapado.
No hace falta sumar mucho. De hecho, probablemente funcione mejor cuando elegimos uno o dos elementos que eleven el look y hablen de nuestro propio estilo.El secreto está en el equilibrio: si la ropa ya tiene mucho protagonismo, los accesorios pueden ser más discretos. Si el conjunto es básico, una cartera, un par de anteojos o una joya pueden convertirse en el detalle que lo transforma.
El pelo también juega
El athleisure no termina en la ropa. Un rodete relajado, una cola baja o un recogido con algunos mechones sueltos acompaña muy bien esta estética porque transmite una imagen natural, fresca y sin exceso de producción.
Ese efecto aparentemente espontáneo tiene, en realidad, bastante intención.
La idea no es buscar perfección, sino justamente lo contrario: una imagen más libre, relajada y auténtica.
Cinco fórmulas fáciles para probar
Calza + camisa blanca + zapatillas
Quizás la combinación más sencilla. La camisa puede llevarse abierta sobre una remera o un top y permite transformar rápidamente el conjunto después del gimnasio o una caminata.
Jogging + blazer
El contraste funciona precisamente porque las prendas pertenecen a mundos diferentes. Mejor si el jogging es de líneas simples y colores neutros.
Conjunto monocromático + cartera
Negro, beige, gris, azul o verde oliva. Vestirse de un solo tono ordena visualmente el conjunto y permite sumar un accesorio protagonista.
Buzo oversize + pantalón más ajustado
La regla de equilibrar volúmenes ayuda mucho. Si una prenda es muy amplia, la otra puede acompañar más el cuerpo.
Camiseta deportiva + jean
Una camiseta deportiva puede ser simplemente una buena remera. Con jean, zapatillas y una campera se transforma en un look casual y actual.
Cómodas, arregladas y un poco más libres
Quizás durante años asociamos “estar arreglada” con prendas más rígidas, zapatos incómodos o conjuntos pensados para una única ocasión.
El athleisure propone otra mirada.
La ropa puede acompañar nuestra manera de vivir y no obligarnos a adaptar nuestra vida a la ropa.
Por eso encontró tanto lugar entre mujeres que atraviesan jornadas largas y cambiantes. Mujeres que trabajan, entrenan, manejan, hacen compras, acompañan a sus hijos, salen a caminar, juegan un partido y encuentran un rato para ver amigas.
Hay algo de libertad en esta forma de vestir. De elegir lo que nos hace sentir bien. De no necesitar demasiada producción para sentirnos arregladas. De saber que una buena zapatilla, un blazer, una cartera o unos anteojos pueden darle a un conjunto ese toque que lo vuelve nuestro.
No se trata de copiar una fórmula ni de salir todo el día con la ropa del gimnasio.
Se trata de combinar, superponer, equilibrar y elegir.
Y, sobre todo, de entender que comodidad y estilo no son opuestos.
Quizás ese sea el verdadero secreto del athleisure: sentirnos cómodas, cancheras y arregladas, pero también un poco más libres para vestirnos como realmente nos gusta.
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