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Cuando la actividad física deja de ser saludable

Para comenzar una actividad física se necesitan controles de salud, guía profesional y objetivos reales y alcanzables. Los efectos de la exigencia desmedida.

Está claro que la actividad física es una excelente herramienta para mejorar la calidad de vida, prevenir enfermedades, ayudar a pacientes en recuperación de distintas patologías y es aliada en muchos tratamientos. Los beneficios son innumerables, múltiples.

¿Qué pasa con la exigencia, la cual veo a diario en distintos niveles? ¿Cuál es el límite? Profesionales pidiendo más y más del alumno, minimizando muchas veces síntomas manifestados, haciéndolos sentir héroes…

Sabemos que la exigencia desmedida trae consecuencias… y hasta más que el sedentarismo. ¿Quién mide la exigencia? Creo que hay responsabilidades compartidas, en el caso de un adulto saber que no puede realizar actividad física si no está bien alimentado, si no ha descansado lo suficiente, si no se siente bien… y del profesional tener la capacidad de observar y preguntar al alumno "¿Cómo te sentís hoy? ¿Cómo estás?" Saber adaptarse a distintas situaciones, pedir el apto físico.

En el caso de los niños en los clubes y colegios el examen y certificado del médico es sumamente importante.

¿Cuántas veces se piden certificados “de favor” a médicos conocidos? Seamos conscientes.

Actualmente, vivimos llenos de presiones, corremos contra el reloj y el dinero en forma permanente, estamos ante situaciones estresantes y si a eso le sumamos una alimentación deficiente y pocas horas de descanso, el resultado es una combinación explosiva.

Me preocupa leer o escuchar gente que manifiesta dolores, cansancio extremo, presión baja, desmayos, pero el “orgullo” de sentirse héroes por haber podido seguir en una carrera o en una clase de gimnasia.

¿Hacia donde vamos? ¿A quién tenemos que demostrarle que podemos más cada vez? Que lo dejamos todo… que ponemos en riesgo la salud, hasta la vida. 

La actividad física placentera favorece la regularidad y hay que apuntar hacia ahí, guiar al alumno y descubrir qué actividades le gustan más y cuál es acorde a sus necesidades y le funciona como saludable.

Generemos el hábito del movimiento. Estar delgado o musculoso no siempre es sinónimo de saludable, estar “lindo” tampoco.

Un grupo interesante son los deportistas de fin de semana, aquellos que solo juegan partidos los sábados o domingos, a menudo después de comer un gran asado y de tomar alcohol. Juegan y se divierten al rayo del sol en verano sin estar en condiciones para realizar esa actividad. Muchas veces se lesionan y otras se infartan.

Está claro que realizar actividad física los fines de semana es mejor que no realizar nada pero tengamos el criterio de saber hasta dónde lo que hacemos nos hace bien. Estemos más atentos a las “sensaciones”.
 
Para comenzar a realizar una actividad física se necesitan tres cosas: controles de salud, guía profesional y objetivos reales y alcanzables. ¡Pongamos el cuerpo en movimiento con responsabilidad y tendremos grandes resultados!

El sedentarismo mata pero una actividad física irresponsable también.

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