
Deco & Jardín
Desde el Valle de Tafí, un jardín en altura
Silvina Buhazha de Atenor, del grupo Los Jazmines del Garden Club Argentino nos cuenta de su casa y su jardín en este bellísimo lugar.
Empezar con dos tacitas de la abuela y darnos cuenta de que ya no caben más piezas de vajilla en nuestras alacenas es un viaje iniciático sin retorno. Un deseo constante de ampliarla, de encontrar platos o salseras de distintas procedencias y épocas, se convierte en una búsqueda inagotable que nos hace soñar con descubrimientos infinitos y momentos felices.
La respuesta de los dueños de locales de venta de vajilla es unánime: coleccionar es un acto fascinante y sin fin. Una colección está viva porque siempre faltan elementos para completarla, y eso la hace apasionante. No se trata de acumular, sino de elegir cada pieza con criterio, de encontrar aquellas que la completen, de investigar y estudiar para saber qué estamos buscando.
Muchos pensadores han reflexionado sobre el coleccionismo. Para el psicólogo catalán Ricardo Cayuela, se trata de una necesidad vital, ordenada meticulosamente, sin llegar a lo patológico, pero con una profunda vinculación psicológica con el objeto coleccionado. Jean Baudrillard, reconocido filósofo francés, consideraba que coleccionar es una manera de conjurar la muerte: mientras buscamos, estamos vivos.
Existen lugares clásicos donde se puede salir a “cazar” piezas de vajilla: los anticuarios de San Telmo, los mercados de pulgas, y los negocios especializados en loza y porcelana, diseminados por ciudades grandes y pequeñas.
Paula Anzuatte, con una larga trayectoria junto a su madre y veinte años de experiencia en el Mercado de Pulgas de Dorrego, nos recibe mientras deja a Marcelo, su socio, a cargo del local.
Su amor por las vajillas es evidente: tiene una teterita tatuada en el brazo.
En su puesto, ordenado y repleto de piezas de diversas épocas y estilos, nos cuenta sobre sus clientes. Los hay esporádicos, aquellos que, paseando sin ánimo de búsqueda, se enamoran de una pieza por su belleza o porque les recuerda algo de su infancia. También están los que buscan reponer material de sus juegos y, por supuesto, los coleccionistas.
Ellos saben exactamente lo que quieren y, si no lo encuentran, lo encargan por si aparece. Algunos buscan firmas (marcas), otros buscan elementos específicos (tazas, azucareras) y otros coleccionan por nacionalidad (francesa, inglesa). Todos igual de fanáticos.
"Hasta la cantante Thalía es fan de nuestras tazas y, cada tanto, le enviamos alguna muy especial" — cuenta Paula.
Sus compradores la siguen desde todo el país e incluso desde el exterior. Su cuenta de Instagram (@tazasmias) le permite contactar con ellos y promocionar sus hallazgos.
"Los más jóvenes se manejan más por las redes, mientras que los mayores prefieren pasar y ver las piezas en persona" — explica.
Mucha gente hereda vajilla y no tiene espacio para guardarla. También asistimos a remates o hacemos viajes a distintos países para traer lotes completos.
Nuestro fuerte es la porcelana y la loza, especialmente la inglesa, pero desde hace un tiempo estamos sumando cristalería y cubiertos. Todo lo que ayude a armar una mesa elegante.
Sí, hemos recibido pedidos de Ramiro Arzuaga, quien se encarga de las mesas de Mirtha Legrand, y también de otros personajes de la televisión.
Hace un tiempo, nos alquilaron doscientas piezas en blanco y azul para decorar una mesa impresionante en un cumpleaños de 50 en Mendoza.
Hay que tomar muchos recaudos. Si se rompe una tetera o una jarrita de leche, se pierde el juego entero.
Dentro de una misma vajilla, hay piezas con un valor mucho mayor que otras.
Las estanterías del local rebosan de nombres emblemáticos como Baccarat, Royal Doulton, Haviland, Meissen y Limoges, además de los exquisitos vidrios victorianos con dibujos de niños pintados en esmalte blanco por Mary Gregory, difíciles de encontrar.
Apasionada, Paula nos explica cómo reconocer un Baccarat tras varios cambios en la forma de marcarlos, cómo una colección cuenta una historia y cómo el proceso de búsqueda es un espacio de ilusión y desafío para el coleccionista.
Poco después, estamos en Villa Urquiza, pero podríamos estar en una boutique vintage de Brooklyn. Entrar a Antigua Carola es querer llevarse todo.
Carolina Dalibon nos cuenta que, consciente de su fervor por la loza, un día se preguntó: “Si me gusta tanto, ¿por qué no me dedico a venderla?”
Poco tiempo después, alquiló un local, lo llenó con su propia colección y lo inauguró en 2019. Su especialidad es la loza inglesa, mayormente fabricada hasta 1900.
El 80% de sus ventas van al interior del país, gracias a la comunidad que ha creado en Instagram (@antiguacarola), que le permite conectar con clientes de cualquier provincia. Otros llegan personalmente a su local en busca de piezas para embellecer sus mesas y agasajar a sus invitados.
— De alguna manera, poner este material en uso es honrar a nuestros antepasados — reflexiona Carolina.
— Tenemos todas estas piezas porque nuestras abuelas casi no las usaron, las guardaban celosamente para ocasiones que nunca llegaban.
Siempre atenta a las necesidades de sus clientas, Carolina ha sumado a sus vajillas algunos muebles y adornos. También organiza eventos temáticos como tés patrios y charlas con invitados especiales.
Entre ellos, Laureano Romani, estilista de mesas, dio una charla sobre cómo poner una mesa elegante combinando elementos. También una arqueóloga ofreció un encuentro fascinante sobre los usos y costumbres en la mesa a lo largo de la historia.
De a poco, Antigua Carola se ha convertido en un club para amantes del buen vivir y de las propuestas originales.
"Estoy en contra del mandato de cómo, cuándo y dónde se debe usar una vajilla. Prefiero algo más libre, más contemporáneo. ¿Por qué no platos blancos para la comida y floreados para el postre? Me encanta ver a mis clientes siendo atrevidos y creativos. Siempre lo propongo."
Texto: Luz Marti
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