La tradición de las fiestas en el Country

Llega diciembre y con él vienen las fiestas. Ya en los primeros días te preguntás ¿Dónde pasamos este año las fiestas?

La tradición de las fiestas en el Country

¿Dónde pasamos este año las fiestas? ... Lo cierto es que si sos el único de “la casa grande con pileta en el country” ya sabés que, aunque vos seguís preguntándotelo, todos tus familiares lo tienen decidido. ¿En qué lugar podemos pasarla mejor?

Diciembre, mes intenso si los hay y que se presta para la reflexión, el balance, el análisis. Tal vez tuviste uno de esos años demoledores, con 52 semanas a full y la última semana del año querés elegir y que sea tuya... Pensas en las fiestas y decís ¿hay otras opciones? ¿en la casa de otro de la familia? ¿en un restaurant? ¿en un hotel con restaurant? ¿lo mas lejos posible?... Y después pensás mejor...no... no puedo hacer eso... tengo que seguir las tradiciones, fomentar las raíces familiares, valorar los esfuerzos de nuestros padres y abuelos para mantener unida la familia... Al fin y al cabo es un par de noches... Y ya más serio te decís... en las fiestas tenemos la oportunidad y hasta la “responsabilidad” de fomentar las tradiciones para las generaciones que vienen... y qué lindo sonó! Pero otra vez... ¿Tiene que ser en casa?

Ahí te ponés a pensar en otros tiempos donde no había nada para elegir, a lo sumo era ver qué fiesta y con qué familia se elegía pasar (la política o la propia) porque la casa estaba claro que era del “cabeza de familia”. Todo cambió. Por momentos dudás en invitar a tu casa cuando recordás lo que fueron años anteriores cuando la mesa empezó siendo de 15 y terminó en 28 tan sólo unos días antes o esa misma noche, sin saberlo. Sabés que todo puede ser una gran aventura esos días. Pero lo cierto es que sin importar nuestro rango en la familia todos se suman fascinados para pasar unas fiestas en el Country.

Eso sí, nuestra casa es para algunos la del “tio rico”, donde parece que todo está resuelto, donde el papel higiénico nunca falta, hay bebida libre, show de fuegos artificiales que se pueden apreciar a las 12 desde el jardín o yendo a los vecinos y un Papá Noel que tiene mil formas insólitas e inesperadas de dejar los regalos... Pero lo que tal vez no se vé tanto es que eso implica trabajo, preparación. Después empezás a recordar y te parece ver una película. Esa sucesión de personajes, hechos bochornosos, frases increíbles, miradas de felicidad, en fin son auténticas noches de “paz y de amor” ¿No?.

La llegada de los invitados es algunas veces tipo 3 de la tarde. Bolso y malla para “aprovechar el día” te dicen. Al salir de la pileta no alcanzan los toallones y van pasando “chorreando” a ducharse. Algunos vienen con las mascotas porque total “vos tenés lugar, a ellos les encanta y pobres, solitos en casa… la iban a pasar triste” A nadie parece importarle que alterados por la gente después ladran toda la noche, se asustan con los cohetes y terminan llorando atados a un árbol para que no se escapen...

Y aunque sabes de memoria todo lo que va a pasar, los imprevistos nunca faltan. En el grupo de Whatsaap que se armó para las fiestas ya se pasó lista de todo el menú y quien lo trae. La que tiene chicos chiquitos finalmente nunca trae lo que le correspondía y bueno, es que estuvo muy atareada. No le decís nada porque al menos ella es la que lava los platos. Ese día la cantidad de comensales es un misterio. Recordás como un sobrino del primo de tu tía te trajo a comer para la última navidad a un amigo del amigo con su familia y no pudiste decir no. O recordás ese año en que no habías contado a la mesa a la última novia de tu papá que con sorpresa acababas de conocer. También están los novios de tus sobrinas que te preguntás si tendrán o no familia. Entonces vas sacando vajilla de todos los lugares posibles y de todos los juegos. Salen a relucir también todos los banquitos, banquetas que no sabías ni siquiera que tenías y se suman sin importar estilo, color y estado. La mesa que habías soñado armar con manteles nuevos, velas, flores y todo lo que tenías pensado se va diluyendo de a poco y casi con lágrimas en los ojos tomás ese mantel que no querías sacar porque el año pasado era blanco inmaculado y ahora tiene una tremenda mancha de vino tinto que no sale… Así tu mesa va tomando otro color. Todo lo tenías pensado pero… ¿para tantos? y bueno es la magia de la navidad, “pongamosle onda” te repetís porque no querés que nada empañe esa noche.

Sentís como si tuvieras rollers puestos, vas de la cocina a la mesa y de la mesa a la cocina. En un momento empezás a dirigir a cualquiera que se acerque a la cocina con la típica pregunta ¿te ayudo en algo? Y así empezás: enjuagame la lechuga, ¿me sacás el hielo del freezer? o le plantás una fuente en la mano, con bastante poca diplomacia, porque estás sintiendo cansancio y todavía ni empezó la noche. Cuando lograste sacar lo último salado de la heladera, que literalmente explota porque tiene aún 3 versiones más de Vitel Thoné, te acercas a la mesa y ves que entre todos ya se comieron lo más rico. Te dicen: “uy negri, estaba super el pionono que trajo Coni, qué lástima que no lo probaste”. Ves como la mesa ya fue atacada y nadie te esperó. Lo peor es que no llegaste ni a sacar la foto!! Te sentás en el lugar que te reservaron y escuchás “cómo me reí con los chistes de Ricky, es un capo” o “viste lo que dijo tu hija del novio, tremenda!!”, y pensás… y no, no lo escuché estaba en la cocina preparando para que ustedes coman y no me esperen…

En un rato todo esa sucesión de pequeñas tensiones pasa a ser sólo un detalle y quedarán saldadas. Mirás a la familia y amigos todos sentados disfrutando y vos, que ya estás con una copa demás, ves que todo está más que perfecto. A las doce y 1 minuto te alcanza con sólo ver los ojos de tus hijos y de todos los presentes brillar llenos de felicidad por la magia de la navidad. Ahí sentís que todo valió la pena.

Texto: Country Magazine

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