La corona de guirnaldas
El uso de la corona de guirnaldas proviene de la Antigua Roma y forma parte de las celebraciones de Año Nuevo. Era el regalo más común en estas festividades; se trataba de arreglos, siempre verdes, a los que llamaban ‘Strenae’, en homenaje a Strenia, diosa de la salud.

Para los romanos, la forma de anillo significaba la esperanza de que todo el año reinará la salud en el hogar. Su forma redonda se vincula a la esperanza de eternidad en el bienestar y los afectos.
Algunos historiadores aseguran que, antes de que la corona fuera usada como un símbolo de los buenos deseos, tuvo varios significados más entre los romanos. La corona representaba autoridad y se usaba para festejar la victoria en las batallas, también era una forma de recordar que, no importaba cuan crudo fuera un invierno, la primavera estaba por llegar.
La corona en la puerta es influencia romana y, al extenderse el Imperio por toda Europa, dominando especialmente por Alemania y Gran Bretaña, la costumbre también llegó a estas tierras.
Con la llegada del cristianismo a Europa, el propósito de la corona también adoptó motivos religiosos y es lo que conocemos en la actualidad.
El Adviento inicia el año litúrgico de la Iglesia, comenzó el domingo 3 de diciembre. El advenimiento abarca los cuatro domingos y días laborables previos a la celebración de la Navidad. La corona en sí, que está hecha de varios árboles de hoja perenne, significa vida continua. El círculo de la corona, que no tiene principio ni fin, simboliza la eternidad, la inmortalidad del alma y la vida eterna que encontramos en la fe.
El laurel significa victoria sobre la persecución y el sufrimiento. El pino, el acebo y el tejo significan inmortalidad y el cedro significa fuerza y curación. Las piñas que decoran la corona simbolizan la vida y la resurrección.
¿Te animás a hacer una corona de guirnaldas? Te contamos una forma sencilla para empezar y, después, ¡dejá volar tu imaginación!
PRIMER PASO: encontrá ramas largas y flexibles que puedas doblar formando un círculo y entrelazalas. Por ejemplo, la del sauce.
SEGUNDO PASO: podés unir varios círculos o seguir entrelazando ramas para dar más volumen a tu guirnalda.
TERCER PASO: podés elegir elementos frescos o secos, que vas a pegar o atar con hilo o alambre, forrado con papel, sobre la rosca.
¡Listo! Si lo hacés con tus hijas, hermanas o amigas, el clima de las fiestas habrá llegado por anticipado.
¡Muchas felicidades! *
Stella Maris Grimoldi
Comisión de Comunicaciones y Redes.
Fotos propias y captura de pantalla de video Instagram
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