El auge del SIBO y la alimentación

El intestino es la puerta de entrada de muchas enfermedades.

El auge del SIBO y la alimentación

En la actualidad, existen estudios que nos indican cómo se encuentra nuestra microbiota. Por ejemplo, el test de aire espiralado, que determina si tenemos un crecimiento exagerado de microorganismos no benéficos, los cuales producen una disbiosis en nuestro intestino, causando síntomas gastrointestinales y, si no lo tratamos, más adelante, podemos tener el síndrome del intestino permeable, el del intestino irritable, intolerancias alimentarias, alergias o celiaquía. Todo esto, provoca efectos graves en nuestro sistema inmunológico, lo que puede desencadenar un sin número de otras patologías.


Nuestro intestino puede alojar 11.000 cepas de bacterias. Decimos que tenemos una microbiota estable cuando las bacterias benéficas y no benéficas conviven de una manera equilibrada. Las benéficas son los lactobacilos y las bifidobacterias, que se encuentran dentro de la denominación de los probióticos y se encargan, principalmente, de proteger la mucosa intestinal como barrera y desdoblar sustancias para ser absorbidas en el intestino. Además, participa en la absorción de minerales como el calcio o el hierro y, entre otras cosas, ayuda a mejorar el perfil lípido. Cuando hay disbiosis, la microbiota se encuentra desequilibrada y empiezan a dominar las bacterias no benéficas, produciendo el famoso SIBO -sobre crecimiento bacteriano en el intestino delgado-.


Es ahí cuando el médico nos manda a hacer una dieta libre de FODMAPS -oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables- y nos da un antibiótico. Pero la pregunta es: ¿cuál es la causa del SIBO? En general, son muchas cosas o es una de forma exagerada. Por ejemplo, una alimentación proinflamatoria como los alimentos refinados, azucarados e industrializados; un bajo consumo de fibra; el estrés; los medicamentos; poco descanso y la contaminación ambiental. 

Una vez que nos diagnostican SIBO, hay tres etapas en el tratamiento que, para que los resultados sean favorables, se realiza bajo control de un nutricionista. 


  1. Etapa de eliminación: restringir alimentos como trigo, azúcar, cafeína, coles, vegetales de hojas, cebolla, legumbres y picantes. Limitar otros como frutas, lácteos, algunas verduras, carnes y algunos edulcorantes. Esta etapa no debe durar más de 21 días. A los 15, ya se notan mejoras en los síntomas. 


  1. Etapa de re introducción: damos una alimentación más diversa y según tolerancia. Duración de esta etapa: de 6 a 8 semanas.

 

  1. Etapa de mantenimiento: mantener una alimentación proinflamatoria variada como es, por ejemplo, la dieta mediterránea. Incorporar fibras y almidones resistentes, llamados prebióticos, con el objetivo de lograr una fermentación positiva, necesaria para el crecimiento de bacterias benéficas. Incorporar alimentos fermentados con bacterias vivas como yogurt, chucrut sin pasteurizar, kéfir, kombucha, hummus fermentado, etcétera. 


Hay que aclarar que puede aparecer una inflamación, pero no es producida por SIBO, sino que se debe a que se está regenerando la microbiota y debemos tener paciencia hasta lograr un equilibrio entre las bacterias. Para ello, tiene que haber fermentación y producción de gases.


Son huéspedes beneficiosos que trabajan para nosotros y, por lo tanto, debemos darles su comida. Ellas necesitan fibra y carbohidratos de cadena larga y media, no de cadena corta, como son los azúcares refinados. Cabe aclarar que, no debemos pasarnos de la cantidad de fibra, ya que puede aumentar la producción de gases y los síntomas gastrointestinales.


La recomendación es de 25 a 30 grs. diarios, traducido en alimentos:


# 1 plato de vegetales contiene de 6 a 8 grs. de fibra.

# 1 taza de arroz yamaní contiene 7 grs. de fibra.

# 1 puñado de frutos secos contiene 4 grs. de fibra.

# 1 cucharada de semillas contiene 2 grs. de fibra.

# 2 frutas contienen 10 grs. de fibra.

# 1 taza de legumbres contiene de 12 a 16 grs. de fibra.

 

Por último, una recomendación, que casi no se habla en las consultas con gastroenterólogos, es que debemos tener pensamientos positivos, sobre todo a la hora de la comida. Lo que pensás o sentís cuando comés es lo que realmente estás comiendo. Recordá que tus intestinos están íntimamente conectados con tu mente, actúan en polaridad. Cambiá tus pensamientos y emociones negativas, y tu microbiota va a cambiar. Por otro lado, mejorá tu alimentación y tu mente cambiará.*


Lic. Carolina Pezzone 

Nutricionista / MN 4961

IG: @semanalightargentina

www.semanalight.com

Nutricionista, integrante del centro médico K41 Francisco Álvarez, Buenos Aires.

Tel.: 1151356037

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