Vale Bril: la mediumnidad como un nuevo lenguaje
Una entrevista sobre duelo, percepción y la posibilidad de conectar con quienes ya no están

Desde la antigüedad el hombre sueña con contactar con sus ancestros fallecidos para pedir su consejo, aclarar lo no dicho en su momento o simplemente sentir que su compañía y su amor no se han ido para siempre. Hoy existe una nueva mirada hacia esa posibilidad y una forma mucho más amorosa de conseguirlo.
Cuando empecé esta investigación y ya tenía en mente a quién reportear, me ocupé de leer acerca de varios médiums famosos de distintas épocas, para conocer sus historias y sus diferentes aproximaciones a la mediumnidad.
La explicación más clara y contundente la encontré en El libro de los médiums, donde su autor, Allan Kardec, profesor y escritor francés, discípulo y colaborador del pedagogo Johann Pestalozzi, afirma:
“Desde el momento que se admite la existencia del alma y su individualidad después de la muerte, es menester también admitir: 1º que es de una naturaleza diferente del cuerpo, pues que una vez separada de éste no tiene ya sus propiedades; 2º que goza de la conciencia de sí misma, puesto que se le atribuyen la alegría o el sufrimiento; de otro modo sería un ser inerte, y tanto valdría para nosotros no tenerla. Admitido esto, el alma va a alguna parte; ¿en qué se convierte y a dónde va? … Las almas que pueblan el espacio son precisamente lo que se llaman “Espíritus”; los “Espíritus” no son, pues, otra cosa que las almas de los hombres despojadas de su envoltura corporal y si admitimos que hay almas, es necesario también admitir que los Espíritus no son otros que éstas”.
En pleno siglo XXI la posibilidad de contacto con almas queridas aparece con una gran diferencia con épocas anteriores: las imágenes de la bruja misteriosa o del hombre atemorizante con poderes extraños han desaparecido, para mostrarnos a personas como nosotros que saben cómo conectar con espíritus que ya no habitan este plano. Personas como nosotros que reconocen que todos tenemos esa capacidad y pueden enseñarnos a ejercitarla.
Tal es el caso de Valeria Jordana Bril, médium, canalizadora y acompañante en procesos de aprendizaje en mediumnidad, a quien entrevistamos para entender esta nueva visión.
De muy joven, Vale conoció su aptitud para conectar con el alma, recibir mensajes o sentir presencias y, sin buscarlo concretamente, empezó a acercarse a formaciones holísticas y energéticas hasta que se reconoció como médium y decidió aprender a manejar toda esa información que recibía en forma constante y abrumadora. Lo hizo con un curso breve que despertó en ella la enorme necesidad de convertirse en canal de mensajes para ayudar a los demás y de seguir, para eso, formándose con distintos maestros en diversas disciplinas que sumaran a su capacidad.
Empezó practicando con amigos y conocidos y, poco tiempo después, el camino se había convertido en algo vertiginoso: su agenda estaba repleta de consultantes que salían llenos de paz de cada encuentro.
Vi llegar a nuestra cita a una mujer joven y fresca, sonriente y relajada. Nos sentamos a conversar. Yo quería saber todo acerca de esa actividad tan atractiva y que tan mala prensa había tenido durante algunas épocas.
¿Qué es ser médium? ¿Todos podemos serlo?
La mediumnidad es una luz en tu interior. Todos tenemos un cuerpo físico, uno emocional y uno energético que intuye, y la capacidad de conectar con espíritus de personas fallecidas. Pero ese contacto se produce y se mejora a partir de entender esos mensajes como un lenguaje nuevo y practicarlo. Yo lo aprendí así y fue comparable a aprender un nuevo idioma y a estar atenta a las señales que estos espíritus nos envían. A partir de eso, saliendo de la soberbia de creerse únicos, entendí que yo no era un ser con un don exclusivo sino que, por haberme entrenado, podía ayudar a otros a desarrollar esa capacidad. Segura de que la mediumnidad es algo a desarrollar, creé mi escuela, donde enseño este nuevo lenguaje.
¿Qué implica formarse en mediumnidad?
Tengo claro que yo puedo ver cosas que otros no ven, pero puedo enseñarles a otros a lograrlo porque todos tenemos esa capacidad.
Hay cosas fundamentales sin las que no podríamos conectar bien, como aprender a alcanzar el PUNTO 0, es decir, un lugar donde no exista ego ni juicio y en el que se sea solo puente.
Para practicarlo es fundamental una disciplina que entrene el autoconocimiento para aprender a no juzgar y a no suponer. Sin orden ni disciplina estaríamos perdidos, no sabríamos qué hacer con la información de los mensajes recibidos.
¿Cómo se maneja ese don en la vida diaria? ¿Intervienen mensajes sin buscarlos?
A esta altura puedo separar los momentos en los que me dedico a la mediumnidad y los que no. Cuando estoy en modo humana es como si tuviese un cartelito que dijera “no molestar”. Aunque a veces hay lugares que me interpelan y entonces me dejo llevar por la emoción de un espíritu porque es parte de ese idioma que conozco, en el que me puedo sumergir sin asustarme por “sentir”.
La mediumnidad es un ruido constante para nuestra sensibilidad porque ves, sentís y oís al mismo tiempo y tenés que hacer una traducción de todo eso. Por eso es tan importante lograr orden y disciplina, para saber si se trata de una idea tuya o de un mensaje ajeno. El orden permite que alcances la claridad y templanza necesarias para que ese ruido no te invada.
¿En todos los casos se puede conectar con los espíritus buscados?
Sí, y los espíritus son como han sido en la vida: si fueron locuaces, los mensajes serán largos; si fueron callados, serán breves. Es curioso, pero hay gente más simpática o chistosa que otra. El sentido del humor no se pierde; las características de una personalidad permanecen.
¿Hay cosas que no decís?
No hay cosas que no diga, pero elijo las formas de hacerlo. Tengo muchísimo cuidado con las palabras que uso al dirigirme al consultante porque es una persona en duelo y, por lo tanto, vulnerable. Hay temas con los que soy muy estricta y no transo: no se puede dar nada por sentado, solo repetir lo que el espíritu me dice y jamás emitir un juicio.
Los médiums somos solo un medio para que una información vaya de una persona a otra. Somos traductores de ese lenguaje, no lo interpretamos.
El trabajo del médium es doble ya que está en contacto no solo con el espíritu al que se ha llamado sino también necesita contactar con el campo energético y la sensibilidad de quien consulta para entenderlo.
¿Cómo quedás después de una sesión?
Al principio quedaba muy cansada. El canal de la médium es el más puro, el más blanco porque es el origen. Ser ese canal consume mucha energía porque es como una traducción simultánea constante. Con la práctica uno aprende a manejar y controlar ese gasto de energía.
Cuando te acercás a la mediumnidad y empezás a poner orden y comprender su alcance, no solo vas a sentir mucha paz y claridad sino que, al convertirte en canal, podés ofrecer eso mismo a otras personas.
¿Cómo reacciona la gente en una consulta?
Por lo general la gente se va muy aliviada después de una sesión que lleva alrededor de una hora y media. También viene gente a quienes les cuesta creer y luego cambian de opinión. Se ven cambios increíbles. El escepticismo es parte del miedo a nuestra propia muerte.
¿La intuición es una aliada de la mediumnidad?
No. La intuición y la mediumnidad son dos capacidades perceptivas sutiles que muchas personas confunden porque ambas revelan información que no viene de la mente racional, pero tienen orígenes y características muy diferentes.
La intuición es tu voz interior hablando desde tu experiencia acumulada o desde tu inconsciente, mientras que la mediumnidad es una voz que viene de afuera y habla a través tuyo.
Muchas personas empiezan teniendo intuiciones muy fuertes y luego descubren que en realidad ya estaban recibiendo comunicaciones de espíritus. Por eso es tan común la confusión, especialmente al principio del camino espiritual.
En general, las personas muy intuitivas muchas veces resultan los peores médiums porque pueden confundir el origen de los mensajes. Si todo lo que llega te desborda, es necesario, para ser un buen canal, aprender a ordenarlo.
Ya atardecía cuando me despedí de esta mujer luminosa y llena de vida que encontró una forma de aliviar el dolor de los demás de una manera amorosa y contenedora.
Mientras me alejaba sentí que lo que una vez fueron dudas lentamente se convertían en certezas. Un hueco se abría para dejarme ver posibilidades que hasta ese momento ignoraba.
Vale Bril dice que es una mujer como todas, pero yo no estoy tan segura.
Entrevistó: Luz Marti
Mas info Vale Bril: @vale.mediumnidad
Las experiencias y opiniones vertidas en esta entrevista corresponden a la mirada personal de la entrevistada y forman parte de una exploración cultural sobre espiritualidad contemporánea.
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