Sur del Cruz: al encuentro de la belleza rústica
Los muebles y objetos de Sur del Cruz ganan espacios en la decoración de restaurantes, locales comerciales, hoteles y casas particulares. Dueños de una simpleza demoledora, evocan América, su naturaleza y el valor de los oficios tradicionales.

Con veinte años como arquitecta, Loli Mallea sorprende. Parece mucho más joven que sus cuarenta y tres años; menuda, morena, de ojos enormes que se iluminan al hablar de Sur del Cruz, su taller ubicado en el barrio de Chacarita.
Poco después de recibirse, descubrió que el trabajo tradicional en un estudio no era lo suyo. Se nutrió de experiencias: viajes, literatura, naturaleza e investigaciones hasta encontrar estudios de arquitectura que fabricaban sus propios muebles, algo que realmente le interesó.
El inicio de un camino
En Estados Unidos, fue pasante en una carpintería de Brooklyn, donde experimentó el trabajo manual y probó una variedad de máquinas. De a poco, sintió que un camino interesante se iluminaba. De vuelta en Buenos Aires, trabajó en una cooperativa de carpinteros con un grupo de personas de distintas partes del mundo: tres cubanos, un inglés, dos bolivianos, un tucumano y un americano. Allí hizo sus primeros muebles y comprobó que ser parte de un taller era uno de sus sueños.
Poco después, nacería Sur del Cruz, su primer taller.
Aprendió a administrar cada proyecto y a organizarse a mayor escala, buscando mejorar la capacidad productiva y perfeccionando las técnicas de trabajo con madera. En los inicios, contaba solo con una camioneta pequeña, en la que tanto sus piezas terminadas como los materiales para armarlas debían caber para poder transportarlos.
El tamaño del taller también era limitado. “¿Cómo hacer cosas en un espacio pequeño o con la cantidad de madera que puedo comprar a esta escala?” Estas limitaciones la llevaron a estudiar cada posibilidad y a aprovechar al máximo los recursos disponibles. Su desafío era crear algo bello con lo poco que tenía, como un cocinero que logra un plato increíble con lo que encuentra en la heladera.
Un micromundo creativo
Con los años, Sur del Cruz se convirtió en uno de esos micromundos únicos, con un grupo de chicos que trabajan con Loli en una dinámica similar a las bottegas de la Edad Media. Se trabaja de forma colectiva y libre. No se firman los muebles, y muchas veces los aportes de los carpinteros mejoran los prototipos. “Aquí se es participante, no protagonista.”
En el taller, Loli está especialmente atenta a la narración de las piezas, a la fidelidad hacia los materiales y a los procesos de creación. Su apuesta profesional es clara: ser lo opuesto a “lo atamos con alambre”. Se valoriza lo poco, la excelencia en la manufactura, la elegancia de la sencillez y el hábito de la excelencia.
Miradas sudamericanas y antropológicas
Además de producir muebles para terceros, en Sur del Cruz se investiga la arquitectura social y se leen textos sudamericanos para entender nuestro continente, una perspectiva distinta de la que Loli conoció en la FADU, donde la mirada estaba muy orientada hacia Europa.
Loli también se interesa profundamente por otras artesanías, como textiles y cestería. Las aborda desde una perspectiva antropológica, buscando comprender la forma en que el alma originaria se expresa a través de ellas. “Entender las motivaciones de los artesanos y sus procesos como transmisores de conocimiento es fundamental. ¿Qué dice un objeto? ¿Qué realza? ¿Qué muestra o esconde?”
La belleza de lo simple
Las plantas y su impacto en la industria son otro de los temas que la inspiran. El continente, las raíces y el respeto por los oficios tradicionales son elementos recurrentes en su trabajo. Estos oficios, que suelen transmitirse en un intercambio no verbal, enseñan a leer el lenguaje de las manos que crean objetos únicos de belleza simple.
La clientela de Sur del Cruz abarca desde restaurantes y empresas hasta locales comerciales y decoraciones domésticas. Aunque Loli se encarga de la compra de materiales, diseño de piezas, contabilidad y stock, deja que las ventas y los encargos lleguen de la mano de arquitectos o decoradores. Ellos reconocen en las piezas de Sur del Cruz objetos poderosos para integrar espacios.
Una red de apoyo generosa
Loli y Sur del Cruz forman parte de una red generosa de amigos de distintas disciplinas: dueños de restaurantes, decoradores, fabricantes de ropa, muebles e iluminación. “Es un grupo que se ayuda mutuamente y colabora con los proyectos del otro. Esto da al trabajo independiente, que a menudo tiene sus momentos de desamparo, un apoyo cálido y entusiasta.”
Texto: Luz Marti
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