¿Quién contará tu historia cuando vos ya no estés?
Desafiar la acción del tiempo sobre los recuerdos que componen una familia motivó a Alejandro Maly, cineasta, a crear una propuesta entrañable: preservar historias, imágenes, voces y gestos para que puedan llegar a las generaciones que vienen.

Mientras la abuela contaba una de sus experiencias de joven en el campo, andando a caballo y durmiendo en carpa bajo las imponentes estrellas de la Patagonia junto a su padre y sus hermanos, los chicos de la familia escuchaban extasiados aquella vida inesperada de una persona mayor. Habló incluso de su propia abuela, testigo del último malón a Bahía Blanca, escondida con su familia en el sótano de un rancho de pioneros italianos.
—¡Qué pena que se pierda todo esto! —pensó una de sus hijas—. Los más chiquitos no van a enterarse nunca de muchos de los cuentos y anécdotas que conforman la memoria de la familia.
No pasó mucho tiempo antes de que les propusiera a sus hermanos buscar una forma de conservar ese acervo.
Pensaron en los clásicos álbumes de fotos, en cajas que guardaran videos, imágenes y relatos familiares. Era un trabajo enorme, pero no parecía alcanzar del todo. Fue entonces cuando descubrieron a alguien que se dedica precisamente a eso: ayudar a cada familia a guardar sus recuerdos de la manera más completa posible.
Era Alejandro Maly, hijo del actor Arturo Maly, quien hace poco lanzó Docusfam, una propuesta para preservar la memoria de las familias, una “cápsula del tiempo”, como le gusta llamarla.
Alejandro es editor de cine, formado como montajista y con experiencia en varios films. Con esa impronta trabaja cada documental familiar.
Una cápsula para detener el tiempo
¿De dónde salió la idea?
—Me di cuenta de que solo hacen falta dos generaciones o tres, como mucho, para que los recuerdos empiecen a desvanecerse. Hay un día en que, de repente, nos damos cuenta de que lo hemos perdido casi todo: las mudanzas, la ausencia de nuestros mayores... Todo va cubriendo de silencio la historia de una familia, los detalles que nos unen de manera invisible.
¿Cómo se desarrolla el trabajo?
—En el primer contacto, la familia me cuenta qué le gustaría preservar, de qué material dispone, de cuánta gente se compone el grupo familiar y me acerca datos para organizarlo. La familia forma, en parte, el equipo de producción. No todos quieren recordar todo; hay quienes prefieren hacerlo específicamente sobre algunos aspectos. Hay casos en que alguien es, por ejemplo, coleccionista y quiere dejar testimonio de su pasión y de la historia de sus piezas, contándoselo a su descendencia.
Cuando se ponen de acuerdo empieza el “operativo cápsula”, que Alejandro lleva adelante junto a su hija de veinte años, estudiante de cine.
El trabajo se hace de manera profesional, con dos cámaras, micrófonos, lentes de cine y buena iluminación. Se incluyen música o silencios que cargan de emotividad las imágenes.
Se sabe de antemano qué se quiere mostrar y se cuenta con todo el material que aporta el grupo familiar. Pero también se puede ir a una casa, hablar con sus habitantes, hacer un recorrido filmado, mostrar un jardín o un espacio de trabajo, detenerse en detalles significativos para la familia: un invernadero, un juego de hamacas o ese rincón que, para otros, quizás no diga nada, pero para ellos lo dice todo.
“Hacemos historias, no contenido”
—Mi trabajo propone ser todo lo humano que pueda ser. Lo veo como una trinchera contra la animación estereotipada de las imágenes de la IA. Es un refugio frente a esa tecnología, tanto que estoy pensando en ponerles a mis películas un sello de “Garantía de personas de verdad”. No hay nada más conmovedor que ver a tus antepasados hablando con sus propias voces, moviéndose con pequeños gestos reconocibles.
¿Cuánto tarda el proceso completo?
—No más de tres semanas, como mucho. Se habla con los familiares que quieren hacerlo, se reúne el material, se lo selecciona, se arma una estructura de guion y se filma. Si la familia es grande y hay mucho para contar, o algún evento especial que quieran registrar, puede tardar unos pocos días más.
Por lo general, el rodaje lleva un día y esa jornada de filmación se convierte en un momento amoroso, de mucha calidez.
¿Cualquiera puede hacerse una película sobre su vida o la de su familia, tenga o no una historia llena de atractivos?
—A cada uno de nosotros nos corresponde una historia que es valiosa justamente por ser la nuestra. No hace falta ser Indiana Jones para dejar tus memorias. Siempre hay hechos y anécdotas entrañables en varias generaciones; solo hay que conocerlas y saber contarlas para que no se pierdan.
Lo nuestro es un trabajo de preservación de historias familiares y todas son igualmente válidas. Hacemos historias, no contenido.
Un legado para los que vienen
¿En qué formato se los das?
—Les doy un link de acceso al video en la nube. De allí pueden descargarlo cuantas veces quieran para repartirlo y guardarlo. En realidad, hay dos versiones de la película: una más liviana, para bajarla rápido y verla en la computadora o el teléfono, y otra en calidad más alta, por si quieren pasarla en una pantalla durante alguna reunión familiar.
¿Qué pasa con la gente que ha hecho una de tus películas cuando la ve por primera vez?
—Están muy emocionados, se los ve felices y no dejan de decirlo. Sienten que han logrado atesorar lo que creían que se perdería inevitablemente, que han hecho algo lindo e importante para las generaciones venideras. Y les encanta compartirlo.
Texto: Luz Marti
Mas info: @docusfam
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