Cuando la belleza y el sentido finalmente se encuentran

La historia de Ana Carolina García Borthwick, una mujer que, después de años dedicada al desarrollo humano, encontró en la filosofía japonesa del Wabi-sabi una forma de unir sus dos grandes pasiones: la búsqueda interior y la creación de espacios que invitan a vivir con más calma, autenticidad y conciencia.

Cuando la belleza y el sentido finalmente se encuentran

"Viví mucho tiempo entre dos mundos: uno atraído por la belleza y otro por el sentido. Hasta que descubrí que ambos nacían del mismo lugar." Con esa frase, Ana Carolina García Borthwick resume un recorrido personal que hoy encuentra su expresión en Wabi Haus, un proyecto de arte y mobiliario inspirado en la filosofía japonesa del Wabi-sabi, que propone encontrar belleza en lo auténtico, lo imperfecto y el paso del tiempo.


Su historia comenzó mucho antes de crear cuadros de gran formato o sillones pensados para el encuentro. Desde muy pequeña estuvo en contacto con prácticas poco habituales para la época. Su padre le enseñaba ejercicios de conciencia, meditaciones y visualizaciones que despertaron en ella una profunda curiosidad por comprender al ser humano.


Esa búsqueda la llevó a recorrer distintos caminos vinculados al autoconocimiento: la astrología, el eneagrama, las constelaciones familiares, la metafísica y otras disciplinas que fueron moldeando su mirada sobre la vida.


Durante casi quince años fundó y dirigió La Posada del Té, un Centro de Formación Interior que se convirtió en un espacio de encuentro para quienes buscaban crecimiento personal y bienestar. La experiencia fue tan significativa que llegó a ser nombrada Embajadora de Paz.


Pero mientras acompañaba procesos de transformación en otros, había otra pasión que seguía esperando su momento: la creación.


"De chica, lo único que les pedía a mis padres cuando viajaban eran lápices, marcadores o cualquier cosa para dibujar y pintar", recuerda.


Aunque la decoración, el diseño y la estética siempre estuvieron presentes, durante muchos años ocuparon un lugar secundario. Hasta que una serie de señales y descubrimientos la llevaron nuevamente hacia ese universo.


Cuando la belleza y el sentido finalmente se encuentran


El encuentro con el Wabi-sabi

En medio de un proceso de búsqueda personal ocurrió una escena que aún hoy recuerda con claridad. Una pequeña pelota roja apareció rodando por el baño hasta detenerse exactamente en el centro de una alfombra blanca.


La imagen parecía una composición perfecta: un círculo rojo sobre un fondo blanco. La bandera de Japón.


Poco tiempo después llegó a sus manos un libro llamado Pensar a la japonesa. Allí descubrió por primera vez el concepto de Wabi-sabi y sintió algo difícil de explicar.


La filosofía la conmovió profundamente. No solo por su estética, sino porque reconoció en ella muchas de las ideas que venía explorando desde hacía años: aceptar los ciclos de la vida, valorar la imperfección, reconocer la belleza del tiempo y encontrar serenidad en la simplicidad.


Más tarde descubriría otra coincidencia que terminó de darle sentido a ese recorrido. La Posada del Té, el proyecto que había marcado gran parte de su vida, había nacido inspirada en un libro sobre la ceremonia japonesa del té. Y fue precisamente en esa tradición donde se originó el concepto de Wabi-sabi.


Las piezas comenzaban, finalmente, a encajar.



"Me ilusiona la idea de transformar espacios en refugios de calma que nos reconecten con quiénes somos y con cómo elegimos habitar el mundo."


Cuando la belleza y el sentido finalmente se encuentran


Crear espacios que también nos transformen

Hoy Wabi Haus reúne todas esas experiencias en una propuesta que combina arte, mobiliario y una manera diferente de entender los espacios.


Sus cuadros nacen de dos formas. Cuando son por encargo, Ana Carolina conversa con cada cliente, conoce el ambiente y busca comprender qué emoción desea transmitir ese espacio. A partir de allí define colores, texturas y dimensiones.


Cuando pinta sin un pedido previo, ocurre algo distinto.

"Los cuadros van tomando forma reflejando lo que estoy viviendo y aquello que me inspira en ese momento."


Los sillones, en cambio, surgieron de otra búsqueda: la del encuentro.

"Me gusta pensar que los sillones Wabi abrazan."


Por eso dedicó mucho tiempo a encontrar una fábrica capaz de materializar exactamente esa sensación de refugio, comodidad y calma que imaginaba. Cada proyecto se desarrolla junto al cliente, acompañándolo desde la elección de las telas hasta los detalles finales.


Detrás de cada pieza aparece la misma intención: crear espacios que inviten a bajar el ritmo, respirar y volver a conectar con lo esencial.


La belleza de lo auténtico

Para Ana Carolina, el mensaje del Wabi-sabi resulta especialmente valioso en una época que muchas veces asocia el paso del tiempo con algo que debe ocultarse y persigue una perfección imposible de alcanzar.


Esta filosofía propone exactamente lo contrario.

Lo imperfecto tiene belleza.

Lo simple tiene belleza.

Lo que muestra el paso del tiempo tiene belleza.

Lo noble tiene belleza.


Esa mirada atraviesa cada creación de Wabi Haus y también su forma de habitar la vida.


Vecina de un barrio privado de Pilar, encuentra inspiración en el contacto cotidiano con la naturaleza, en las caminatas entre los árboles y en la tranquilidad que ofrece vivir un poco más lejos del ritmo de la ciudad.

"Valoro la calma y el silencio. Es donde siento que más resueno con mi trabajo."


Quizás por eso, más que objetos de decoración, sus creaciones buscan convertirse en refugios. Espacios capaces de recordarnos que la belleza más profunda no está en la perfección, sino en aquello que es auténtico, humano y real.



Cuando la belleza y el sentido finalmente se encuentran

Más información

Podés seguir el trabajo de Ana Carolina García Borthwick y conocer las creaciones de Wabi Haus en Instagram: @wabi.haus.


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