Las trillizas de Oro: Tres romances entre flashes y tacos de polo

Conocé las historias de amor de estas tres hermanas, conquistadas por hombres del polo, con quienes hasta el día de hoy siguen haciendo carrera en el matrimonio y en familias que no paran de agrandarse.

Las trillizas de Oro: Tres romances entre flashes y tacos de polo
María Eugenia, María Emilia y María Laura Fernández Rousse, tan idénticas como diferentes. Tres mujeres enamoradas, madres dedicadas, abuelas atentas y artistas con más de medio siglo de trayectoria. En diálogo con Country Magazine, las trillizas más famosas de la Argentina nos cuentan todo sobre sus amores, su carrera y sus diferencias que, aunque muchos crean que no, ¡parece que existen! 

- ¿Cómo y cuándo conocieron a sus maridos?

Ma. Eu.: Lo conocí en España, Horacio (Laprida) jugaba al polo y yo cantaba con Julio Iglesias, año 1979.

Ma. L.: De casualidad, en una fiesta de fin de año que hacía Horacio, el novio de Eugenia. Cuando terminó, yo me volvía con unos amigos suyos. Ahí justo salió Ernesto (Trotz) con el auto y Horacio le dijo a Eugenia: “Ese va a ser el novio de Laura”, esto fue en diciembre del ´79. En enero estuvimos en Punta del Este y me habré puesto de novia en abril.

Ma. Em.: Lo conocí en un partido en la Asociación Argentina de Polo. Jugaban Ernesto y Horacio en un equipo con dos más, y Clemente (Zavaleta), era referí, porque en ese momento los jugadores también eran referís. Ahí yo dije: “Quiero a ese negro”. Yo siempre salía con amigos de Horacio y de Ernesto, así que dije: “lo quiero a él, quiero, quiero, quiero”. Eso fue a fines de 1980, a los ocho meses me casé.

- ¿Cuánto tiempo después fueron mamás?

Ma. Eu.: Estuve tres años y medio de novia, me casé en el ´82 y al año me quedé embarazada de mi primera hija, Geñi.

Ma. L.: Estuve tres años de novia, desde el ’80, en el ’83 me casé y en el ’85 fui mamá. 

Ma. Em.: Yo me casé en el ’81, cinco meses después me quedé embarazada, con 21 añitos, cumplí 22 embarazada y nació Mili en febrero del ’83.

- ¿Cómo hicieron para lograr llevar adelante su carrera artística y su matrimonio con ellos como polistas cuando aún jugaban? 

Ma. Eu.: Siempre prioricé a mi familia, cuando tenía un trabajo que no era compatible con los viajes de mi marido, no lo hacía. Por suerte, las tres coincidíamos y todas estábamos casadas con polistas.Trataba de no estar mucho tiempo separada, porque sufría yo y también mis hijos, por no ver al papá.

Ma. L.: Ernesto viajaba muchísimo, estaba ocho meses al año afuera. Los últimos cuatro meses del año se quedaba porque la temporada de polo era acá. Nos mandábamos cartas. Hoy los jóvenes no entienden cómo hacíamos, pero es como hacían nuestros viejos, que escuchaban radio y no tenían televisión, o la veían en blanco y negro, y con solo cuatro canales. Cuando no conocés otra cosa, te conformás con lo que tenés, todo el mundo estaba igual. 

Ma. Em.: Yo me quedaba por los colegios de los chicos, más que por nuestro trabajo artístico, pero cuando hubo más demanda de lo artístico, él se venía de Francia o de Estados Unidos, se quedaba un par de semanas y después se volvía a ir. No era fácil, porque no había internet ni nada, pero lo supimos manejar. Cualquier carrera en paralelo a los jugadores de polo es complicada, porque ellos desaparecen, se van en diciembre y vuelven a fin de abril, están 10 días en mayo y después se van a la temporada europea, hasta octubre. Si bien es difícil, nosotras pudimos dar prioridad a nuestra familia, así que los acompañábamos mucho más de lo que trabajábamos. 

- ¿Sienten que su fama se pudo complementar bien con el ambiente del polo?

Ma. Eu.: Al principio a mi marido le incomodaba, porque no estaba acostumbrado a los flashes y a las notas. Pero por suerte nuestra vida artística siempre fue más para chicos, muy familiar, entonces no se tuvo que arrepentir de nada, no salíamos desnudas en revistas. Solo se tuvo que acostumbrar a que nos miraban, pero fue bastante fácil. 

Ma. L.: Cuando fue nuestro casamiento no estábamos trabajando tanto. Y en esa época los medios eran diferentes; la gente consumía y valoraba la profesión del artista, no les divertía tu intimidad. 

- Si bien sus maridos ya no juegan, su actividad laboral sigue vinculada al polo…

Ma. Eu.: Sí, Horacio hace 25 años que tiene una empresa de transporte de caballos.

Ma. L.: Ernesto ahora está jugando una final de 12 goles, mientras tanto yo hablo con vos, porque me pone muy nerviosa verlo jugar. Él sigue jugando y sigue estando en el negocio del polo. 

Ma. Em.: Clemente ahora es mánager de un club de polo que se llama Alegría, por suerte está muy cerca de donde vivimos. Es un equipo que llegó a la final del abierto en 2013 y después jugaron el Abierto Americano y ganaron en 2014, con Clementito, mi hijo. Alegría le dio y le sigue dando muchas satisfacciones, pero él incursiona siempre en lo que es su pasión, que es el polo, por suerte lo puede hacer y acá al lado.

- ¿Hubieran preferido que tuviera otra profesión? 

Ma. Eu.: Me gustó que fuera polista porque si bien yo conocí muchos lugares en Europa, fue de la mano de Julio Iglesias, que no es nada que ver a hacerlo con un deportista profesional. Él iba a los mismos países, pero a distintos lugares. Por ejemplo, nosotras estuvimos cantando en el Olympia de París, pero yo no conocía el club de polo de Bagatelle. Así que diez años después volvimos, conocí el club de polo y lo llevé al Olympia. 

Ma. L.: Me enamoré de él, después vino el polo, así que lo hubiera elegido más allá del camino que tome, sea polista, médico o comerciante.

Ma. Em.: Yo lo conocí polista, así que no puedo decir qué hubiera pasado si hubiera sido otro con otra profesión, yo lo conocí arriba de un caballo.

- ¿Cómo definirían hoy su matrimonio?

Ma. Eu.: Este año cumplimos 39 años de casados, cuatro hijos… Yo creo que todo el mundo se casa para toda la vida, pero es una cuestión de suerte, te puede ir bien o mal. Nos han pasado cosas muy fuertes en la vida, eso también nos ayudó a seguir, pero tiene que haber una buena base. No te digo que seguimos como el primer día, pero sí que vamos a seguir juntos hasta el último. 

Ma. L.: Nosotros a veces somos como hermanos, a veces seguimos siendo amantes, a veces somos padres, ahora somos abuelos. ¡Es raro! Por eso te digo que, si la base no está, estás en el “oven” (horno) -risas-.  

Ma. Em.: Yo voy a cumplir 40 años de casada, es un matrimonio con mucho compañerismo, tengo un amigo en mi casa. Para mí, en un matrimonio, la amistad es muy importante, yo tengo al lado a mi gran amigo.

- ¿Sus pilares?

Ma. Eu.: Fueron y serán mis padres. Nos enseñaron muchos valores familiares, y a lo largo de la vida, cuando te pasan cosas, eso es lo que te mantiene. 

Ma. L.: Mi vieja, para preguntarle, escucharla, saber cómo hizo ella. Después, miro para abajo y me transformo en el pilar de mis hijos.

Ma. Em.: Mis hermanas.

- Eugenia, al igual que a tu hija Luli, te gusta mucho la cocina, ¿de dónde viene eso?

Ma. Eu.: A mi papá le encantaba cocinar y yo era la que miraba y lo ayudaba. Soy una experta en las empanadas, las pizzas, las pastas y los asados de mi viejo, con solo mirarlo, aprendí mucho. Mamá no cocinaba nada, claro, lo tenía a papá, ¡imaginate! 

- Laura, leí que alguna vez mencionaste tu afición por la lectura… 

Ma. L.: Sí, siempre me gustó leer. De grande estudié, terminé el secundario e hice una carrera universitaria, porque me gusta leer, estudiar, soy curiosa.

- Emilia, en Instagram mostrás tu amor por la huerta, ¿siempre tuviste esa afición?

Ma. Em.: Siempre tuve huerta, cuando me casé me fui a vivir al campo, porque Clemente regenteaba el campo de la familia, era su administrador mientras jugaba al polo. Viví siete años en Ireneo Portela, a 30km de Baradero, no existía ni en el mapa, lo amé con todo mi corazón. Tenía mi huerta, mis gallinas, todo. Después lo fui implementando cuando me fui a Bella Vista, y cuando viajaba, en Francia, que siempre nos tocaba vivir en las campiñas, porque el polo se juega en campos, siempre tuve mi huerta. 

- Las tres siempre se mostraron muy unidas, ¿podrían haberse dedicado a otra cosa sin sus hermanas?

Ma. Eu.: Cuando las chicas empezaron a viajar más que yo, porque Horacio se dedicó más que nada a la empresa que tenía acá, hice un curso de instrumentadora para cirujano plástico y estuve instrumentando bastantes cirugías de lolas. Si hubiera seguido con eso, hubiera sido una buena instrumentadora. No seguí porque, cuando las chicas volvieron, seguimos trabajando. Además, después le perdés un poco la mano, porque tenés que estar actualizándote con muchas cosas en la medicina, pero me hubiera encantado seguir. 

Ma. L.: Si, yo hice mi carrera de orientadora familiar. ¡La gente nos hace más trillizas de lo que somos, eh! Somos muy diferentes, se vende eso de que no podemos estar sin la otra o que pinchan a una y a mí me duele, pero no, ¡para nada! No sé qué hubiera hecho, sí te puedo decir que me divierte estar con ellas y, profesionalmente, más. No lo cambiaría por nada.

Ma. Em.: Siempre nos mostramos unidas, es verdad. De no haber tenido la oportunidad desde chicas de cantar las tres juntas, hubiera sido médica, me hubiera encantado, hice todos los cursos posibles, doy inyecciones y me hubiera encantado estudiar enfermería. 

- Cantaron, actuaron, condujeron, se codearon con estrellas nacionales e internacionales, viajaron por el mundo, son madres, esposas y abuelas, ¿queda algo en el tintero?

Ma. Eu.: No me quedó nada pendiente. Ahora disfrutar de los nietos, hacer cosas que antes no podía, porque tenía que estar con los chicos o tenía que trabajar. Ahora me doy el lujo de acompañar a mi marido, disfrutar y no trabajar tanto.

Ma. L.: Yo creo que siempre queda algo, hay que tener proyectos, hay que estar vivo y con ganas de hacer cosas, siempre, es lo que te moviliza.

Ma. Em.: Artísticamente, me hubiera encantado que hagamos una comedia musical, por ahí todavía podemos hacerlo. Antes de la pandemia tuvimos reuniones con Ricky Pashkus y teníamos un muy buen proyecto. Gracias a Dios no me queda nada en el tintero, pero siempre es bueno proyectar, hace bien a la cabeza, al espíritu, al cuerpo ¡y al marido que tengo al lado! 

- En 2018 volvieron a la pantalla con ‘Mañanas nuestras’…

Ma. Eu.: No nos costó volver. Ese año yo tuve una desgracia muy grande, se me murió una hija y la televisión en ese momento me ayudó muchísimo. Me sacó del pozo, me daba un motivo para levantarme. Fue algo diferente, porque no era un programa para chicos, era de actualidad. Igual, como siempre, lo nuestro dura un año y medio o dos, después vamos para otro rumbo, pero ese programa la verdad que me salvó un poco.

Ma. Em.: Fue una propuesta que nos divirtió, algo distinto, en un canal distinto -KZO-. Con Laura nos levantábamos a las 6.30 AM para ir desde Pilar, porque iba en vivo, de 11 a 14, y no nos importaba. Tuvimos una época muy dura en 2018 y nos ayudó mucho, a las tres, y a Eugenia en especial. La pasamos muy bien, fue una buena experiencia y nos salvó la cabeza. 

- ¿Un recuerdo feliz?

Ma. Eu.: Mi casamiento, el nacimiento de mis cuatro hijos, el día que Geñi me hizo abuela, cuando Laurita -Luli- se recibió, el día que Nano jugó su primer partido de polo, la recibida de Pilu también y cuando me dijo que estaba embarazada, uf… muchos recuerdos felices, muchos. Son muchos contra uno o dos malos.

Ma. L.: Los domingos con los hermanos de papá -mamá no tiene hermanos-, todos juntos comiendo en la casa de Flores, en familia en la quinta de Pilar, el olor a Mar del Plata, con las medialunas y el dulce de leche Chimbote… recuerdos tan lindos. Mi familia es mi hogar, la llevo a todos lados. 

Ma. Em.: El nacimiento de mis tres bebes, absolutamente, y mirá que tengo nietos, pero la llegada de mis tres hijos sigue siendo una gloria. 

- Si pudieran volver a una época de su vida…

Ma. Eu.: Volvería a la época profesional de los años ‘78/’79, cantando con Julio Iglesias, tenía 18 años y no extrañaba a nadie, porque nosotros después seguimos viajando y yo sufría mucho cada vez que me subía a un avión, porque extrañaba a mi marido, en ese entonces mi novio. Pero en la época del ‘78/’79 viajar, conocer gente, no tener horarios y cantar al lado de Julio, fue un momento muy, pero muy lindo, y ese sí que lo repetiría.

Ma. L.: Todas; cuando trabajábamos, con Julio Iglesias, cuando me casé, cuando tuve hijos. Pero siempre a la edad que tenía, no volvería para atrás ahora yo, María Laura Trotz, ni loca. Aprendí muchas cosas, soy una adulta y me gusta cómo soy hoy.

Ma. Em: No lo dudo, Julio Iglesias. 1978, acá en la Argentina, en Turquía, en España, cierro los ojos y wow, me encantaría.

- ¿En qué se diferencian entre ustedes?

Ma. Eu.: Una persona siempre nos dijo que éramos el fiel reflejo de nuestros maridos, el mío no tiene nada que ver con Clemente ni con Ernesto. Somos muy iguales en lo profesional y muy distintas en lo personal. A veces es compatible y otras no, pero discutimos más en lo personal que en lo profesional. Yo soy más callada, tímida, más recatada y no ventilo muchas cosas, en el buen sentido de la palabra. A veces mis hermanas se enteran de mis cosas cuando ya pasaron. Soy más tranquila, más para adentro. 

Ma. L.: En todo ¡gracias a Dios! -risas-. ¡Es un chiste! La diferencia hace lo complementadas y divertidas que somos, y lo bien que la pasamos. En muchas cosas soy diferente, pero lo importante es que en la base y en lo que nos importa; en los valores; en la unidad a pesar de todo, de cualquier pelea, discusión, diferencias políticas, matrimoniales o de educación; estamos muy unidas. 

Ma. Em.: Yo soy LA trilliza de oro. * 

Texto: Marina Cleris

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